¿Quién es el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo es Dios, más exactamente, la tercera persona de la Santísima Trinidad (tres personas distintas y un solo Dios verdadero). El Espíritu de Dios es quien actúa desde el interior del ser humano (Rm 7, 26-27) y es por eso que se recibe en tres sacramentos: bautismo, confirmación y orden sacerdotal.

1. EL ESPÍRITU SANTO, CO-PROTAGONISTA DE LA CREACIÓN:

El Espíritu Santo aparece ya desde el segundo versículo del Génesis (primer libro de la Biblia), aleteando sobre las aguas. Mientras el Génesis nos da una imagen de Dios Padre creador, de manera antropomórfica (en forma de hombre), que camina por el medio del jardín y que pasea con Adán y Eva, el Espíritu Santo se presenta en forma de ave que no se posa en la tierra, sino que vuela por encima de las aguas. Lo más parecido a ésta imagen será la de Jesús que camina sobre las aguas, en medio de una tormenta. Jesús cuando nos habla del Espíritu Santo nos dirá que "«No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu." (Jn 3, 7-15), es una de las características del Espíritu Santo, la libertad.

Estando sobre las aguas, el Padre pronuncia palabras creadoras que el Espíritu ejecuta inmediatamente, su aletear no es otra cosa que estar atento a la escucha de la Palabra de Dios Padre para actuar. El Evangelio de Juan, nos dirá que esa Palabra es Jesús a quien llama la Palabra o en otras traducciones el Verbo, es decir Palabra (Jn 1) que comparta esta característica del Espíritu Santo de no ser estática, que no se posa sino que está en movimiento, Palabra creadora, que nos descubre la intención, la razón de ser de la creación, "El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. (Col 1, 15-20).

2. LAS OBRAS DEL ESPÍRITU, ESPECIALISTA EN IMPOSIBLES:

Lo vemos no solamente en la creación sino recreando y devolviendo la vida, como en Ezequiel 37, donde revive los huesos secos de los restos de alguna guerra, donde los cuerpos quedaron tirados en el suelo, signo de destrucción, de muerte, de la capacidad del hombre de destruirse a sí mismo y a sus semejantes. El Espíritu lleva al desierto y lo hace profetizar sobre éstos restos, es una manera clara de expresar cómo Dios habla por medio de los profetas y cómo su voz es canal de la Palabra misma de Dios puesta en sus labios y el Espíritu cumple las profecías, es necesario que el profeta las pronuncie. Esto es muy importante entenderlo, porque así será luego en el Nuevo Testamento, no sólo con Jesús sino también con los apóstoles y hoy también a través de los sacerdotes y ministros ordenados que con por sus palabras hacen obrar al Espíritu Santo perdonando pecados, bendiciendo, consagrando y transustanciando las especies eucarísticas y demás palabras que se convierten en actos concretos en cada sacramento por la gracia del Espíritu recibido en la ordenación sacerdotal.

El Espíritu Santo, es entonces quien guía a los profetas y ejecuta aquello que Él mismo inspira en cada uno de ellos y que presta su voz y su vida a Dios, inspira a quienes escribieron la Biblia y sigue guiando a su Iglesia, no solo a la jerarquía sino a cada uno de sus miembros.

Las obras más notables del Espíritu las notamos en el Nuevo Testamento:

2.1. LA ENCARNACIÓN DE JESÚS EN EL VIENTRE DE MARÍA:

"Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios." (Lc 1, 31-35).

El Espíritu Santo, es quien hace la obra de la encarnación haciendo algo naturalmente imposible, como es que una mujer virgen pueda sin relaciones sexuales concebir un hijo además de hacer que mujeres estériles como algunas mujeres en el Antiguo Testamento, de entre ellas la esposa de Abraham (Saray) y ahora Isabel, pariente de María, también puedan concebir, estas sí por relaciones naturales con sus esposos.

2.2. LOS MILAGROS:

Es el poder del Espíritu el que permite los grandes milagros tanto en el Antíguo Testamento como en el nuevo, en este último, tanto por Jesús como de los apóstoles. De entre ellos sobresalen, el paso del Mar Rojo, curaciones milagrosas, reanimaciones (muertos que vuelven a la vida), multiplicación de alimentos (aceite, harina, peces y pan), las plagas de Egipto, liberaciones de espíritus inmundos imposesados en personas, la transustanciación (el pan y el vino que se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo), en la última cena y en las celebraciones eucarísticas a las que se hacen mención en el Nuevo Testamento, control sobre la naturaleza como cuando Jesús camina sobre las aguas o cuando calma la tormenta y por último el más grande de todos: la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Además de los milagros consignados en las Sagradas Escrituras, la Iglesia ha aceptado distintos milagros del Espíritu en personas concretas o por su intercesión, que son requisitos indispensables para la canonizacion. También milagros eucarísticos y otros relacionados con la vírgen María, de cuyas apariciones hay santuarios en distintas partes del mundo, en donde se han verificado hechos sobrenaturales.

3. LOS DONES, FRUTOS Y DONES DEL ESPÍRITU:

Los dones y los frutos del Espíritu Santo, que encontramos especialmente en la Primera Carta a los Corintios 11 y 12, "Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere." (I Cor. 12).

Estos dones siguen siendo infundidos por el mundo gracias al poder del Espíritu Santo, en su
Iglesia, con los cuales la guía y la sostiene, de los cuales dependen los ministerios tal como en el caso de los presbíteros, lo afirma el Concilio Vaticano II en la Presbyterorum Ordinis 38-39. Los dones no son para vanagloria de quien los obtiene, sino que son para el ejercicio de los ministerios confiados a los miembros de la Iglesia y para el bien de todos.

Los frutos del Espíritu en cambio, son el resultado de la acción del Espíritu en el hombre (gracia), que consiste, como su nombre lo indica en la cosecha de lo sembrado por Él en cada uno de nosotros. Son los frutos de la semilla que cae en tierra buena. Estos son según el Catecismo de la Iglesia Católica: "

"1832 Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: ‘caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Ga 5,22-23, vg.)."

Las obras del Espíritu en cambio, son la contraposición a las obras de la carne, éstas son: "Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos." (Gal 5 16-24).

4. LA MISIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN EL MUNDO:

El Espíritu Santo fue enviado por Jesús con unos fines específicos: "Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros." (Jn 14 15-17); "Os he dicho estas cosas estando con vosotros. 26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho." (Jn 25-26).

Esta misión de consolar, ser el Espíritu de la Verdad y ser recibido, morar en los discípulos de Cristo, enseñar y recordar lo que Jesús ha dicho se resumen en una sola: santificar a los hombres, para que "todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" ( I Timoteo 2, 3-4). el Espíritu anima a la Iglesia y desde pentecostés, le da las herramientas necesarias para realizar el anuncio del Evangelio de acuerdo con la misión que Cristo les dejó en la Ascención: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Mt 28, 19-20).

Los apóstoles, reciben los dones del Espíritu con los cuales harán la evengelización del mundo, encontrando el Espíritu el respaldo con los milagros a su predicación, el poder comunicarse con personas de otras lenguas y teniendo el coraje para entregar la vida por Cristo.