¿Por qué seguimos pecando?


Hace poco un soldado recién incorporado al Ejército me hizo una pregunta simple pero que me pareció inmensamente profunda. La pregunta es ¿si Jesús murió en una cruz por nuestros pecados, por qué todavía hay pecado en el mundo? en el fondo la pregunta es ¿no se resolvió el problema del pecado con la muerte de Jesús? pero yo le he querido dar un giro porque me parece que puede motivar a muchos, empezando por mí para dejar atrás mi propio pecado.

¿Por qué si Jesús murió en una cruz por mis pecados, yo sigo pecando? Si verdaderamente amara a Dios y si mi amor por Jesús fuera tan grande como pienso no pecaría más en virtud de la sangre de Jesús, derramada en la cruz, su sufrimiento enorme, su pasión y su muerte terrible en ese espantoso lugar de tormento. Es lo que hizo Jesús para que yo no pecara más porque mis pecados me hacen un daño con ellos hago daño a los demás.

Esto cuestiona profundamente mi fe. No cuestiona la fe, sino cuestiona mi fe, es decir, cuestiona cómo es de grande, de fuerte o porque no decirlo de real mi fe.

"En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: "Auméntanos la fe." El Señor contestó: "Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: 'Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.""" (Lucas 17, 5-10).

Este ha sido por siglos el problema de todos los hombres que han amado a Dios y que de alguna manera han sentido que tienen fe, saber que a pesar de ese amor y esa fe, aún cometen pecados y aunque se esfuerzan mucho caen nuevamente. Esta lucha es lo que los va llevando por el camino de la perfección en su esfuerzo por permanecer fieles al Señor. Quienes no aman verdaderamente al Señor están convencidos de que no tienen pecados, porque ya no ponen atención a sus acciones y creen que todas ellas están justificadas. Demorarse años en devolever un objeto prestado para quien lo hace no es robo, es que no ha tenido tiempo de devolverlo, lo hará algún día que nunca llega, decir una mentira siempre tendrá una justificación, era para evitar un problema, para evitar un daño mayor, etc. cuando se trata de uno mismo siempre hay una justificación para no aceptar nuestros pecados y evitar los cargos de conciencia, tal vez sea un mecanismo sicológico de defensa.

La contrición o arrepentimiento es una bendición de Dios, consiste en el dolor que se siente en lo profundo del alma por haber ofendido a Dios haciendo lo que a Él no le gusta independientemente de cuánto hayamos disfrutado nosotros y es que los pecados son siempre dulces al principios, pero enormemente amargos al final. Que triste reconocer que somos egoístas que cedemos a las tentaciones concientes de lo que hacemos por preferir nuestro gusto o placer por encima de lo que valoramos nuestra relación con Dios.

La experiencia de pecar aún cuando ya el sacrificio de amor de Jesús debería ser razón suficiente para dejar de pecar pero para la mayoría parece no ser suficiente, seguimos con las mismas tentaciones y aunque la fe nos fortalece, sigue siendo en cada momento nuestra propia decisión lo que cuenta.

Tendríamos además la opción de confesarnos y pedirle perdón a Jesús por pecar a pesar de su sacrificio en la cruz y por ese mismo sacrificio obtener el perdón de esos pecados por los que murió Él en la cru y que nos permite obtener este perdón, pero se ha perdido en el mundo entero entre los católicos el hábito sano de confesarse con frecuencia, es un sacramento en crisis, muy pocos y en muy pocas ocasiones se confiesan, ¿será que se acabó el pecado en el mundo? ¿será que no se siente como antes el arrepentimiento? ¿será por desconfianza por los sacerdotes? ¿por qué no recibir el perdón de los pecados, obtener la gracia de Dios y reconciliarse con Él? en muchos templos ya ni hay confesionario se confiesa en cualquier parte y de cualquier manera. Muchos llaman confesión a la simple oración de perdón dirigida a Dios. "Me confieso directamente con Dios", dice la gente, han renunciado al sacramento que les podría dar la vida eterna.

Esta tragedia tal vez no tiene fin, pero tú que estás leyendo y yo que estoy escribiendo y que no podemos cambiar ni la realidad ni el mundo entero, ¿por qué no cambiar al menos nosotros? yo lo estoy intentando, anímate tú también.