
Soy sacerdote católico y por eso, creo firme y profundamente en la presencia de Jesús en la eucaristía. Hoy 25 de agosto de 2009, me encuentro en un retiro espiritual con mis hermanos sacerdotes del Obispado Castrense de Colombia, hemos organizado turnos para estar una hora cada dos sacerdotes con el Señor. Son las 4:00 de la tarde y me corresponde el turno con otro compañero. He estado ansioso todo el día ansioso de este momento de encuentro con Él, con Jesús, con mi Dios y Señor, mi maestro y quien da sentido a mi vida y mi ministerio. He estado en su presencia miles de veces y durante casi toda mi vida y sin embargo aún me emociona pofundamente este tiempo de gracia. Tengo muchas cosas para decirle pero mi experiencia me ha enseñado en dejar eso para otro momento y de más bien dedicarme a la escucha.
He notado que mi sitio es más visitado por personas de otras iglesias que de la mía y sé que para ellos cuando hablo de la confesión, la eucaristía u otro sacramento les produce inquietud y casi siempre me escriben compartiendo conmigo su opinión. Me agrada mucho que hagan eso aunque sea para decirme que no están de acuerdo, pero quiere decir que de alguna manera hemos entrado en comunicación y espero que esta no sea la ecepción. Sé que para ellos será dificil entender la experiencia maravillosa, más aún ahora que tengo para decirle que este tiempo se desarrolla en un profundo silencio y que se siente fuerte la presencia de Dios sin decir nada, sin hacer oraciones de alabanza, sin levantar las manos para adorar o sin otras manifestaciones de grandes emociones, eso los católicos lo hacemos en otros momentos. Este es en cambio un momento solemne de gran silencio intenterior donde sientes fuerte la voz de Dios que casi que te grita sin palabras, solo con la sensación profunda y dulce de su presencia. Estoy viviendo un momento íntimo y profundo siento el amor de Dios que fluye por todo mi ser, siento como si no sintiera pero siento de todo, sé que no se entiende y que suena a una gran contradicción pero no encuentro otras palabras para describir esta maravillosa experiencia, sé también que muchos hermanos en la fe de otras confesiones que se han permitido esta experiencia se han encontrado con Cristo. Esto es increíble y maravilloso, te sientes tan pequeño ante tanta grandeza.
En este momento tengo el alma o si lo prefieren mi espríritu conectado con millones de hermanos en el mundo que viven esta misma experiencia espiritual en todo el mundo, así lo quiso Jesús, que su evangelio de se difundiera por toda la tierra y que fueramos uno en la fe y en el amor (Jn 17). Mi alma alaba a Dios en medio del silencio y sin palabras ni gran exultación, más bien en un silencio activo y lleno de la presencia del Espíritu Santo de Dios, tengo todo lo que hay en mi pobre corazón puesto en Él. Se ve tan pequeño y se siente tan grande. El solo entrar en este sencillo templo destinado a Dios hace que se sienta uno en el Cielo, no veo la hora de estar en su presencia para siempre y de disfrutar de esta sensación y esta experiencia eternamente, sin descanso y sin cansancio.
No se puede comparar esta experiencia con ninguna otra en la tierra. Es una pequeña degustación del cielo ya desde esta vida. Vo y mis ojos ven un pequeño pedazo de pan, pero mi corazón de dice que mis ojos me engañan que allí está Él. Pienso en estos momentos en el sermón del pan de vida, donde dice Jesús, Yo soy el pan de vida, el que viene a mí permanece en mí y yo en el Él, yo le resucitaré para la vida eterna. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en Él, mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. Me imagino el rosto de la gente al escuchar estas palabras, el evangelio dice que la gente decía, qué enseñanza tan dura, ¿quién puede entenderla? La gente dejó de seguirlo por decir esto, aún hoy la mayoría de los cristianos no han entendido estas palabras. En la última cena Jesús tomó el pan y dijo esto es mi cuerpo y luego tomó el caliz lleno de vino y dijo esta es mi sangre. Estas palabras del evangelio y lo que me confirma mi espíritu y mi corazón, me confirman que estoy en la presencia de Jesús, no tengo dudas, solo lo disfruto, lo amo profundamente, para mí es toodo en la vida, estoy enamorado profundamente de Cristo, esta mañana en la eucaristía me alimenté de su cuerpo y de su sangre, como Él lo enseñó, tengo en mí el cielo mismo y ahora tengo este momento de gran privacidad en si presencia. Aque dicha tan grande, no creo que pueda existir sobre la tierra una experiencia más fuerte. Soy un gran privilegiado por poder tener esta hermosa experiencia, el tiempo corre inclemente y como quisiera detenerlo. Estoy sientiendo y entendiendo lo que significan las palabras de Jesús cuando dijo que Él da vida, la siento fluir por todo mi ser, es increíble, es hermoso, es indescriptible pero maravilloso.


