UNA EXPERIENCIA ESPIRITUAL


Soy sacerdote católico y por eso, creo firme y profundamente en la presencia de Jesús en la eucaristía. Hoy 25 de agosto de 2009, me encuentro en un retiro espiritual con mis hermanos sacerdotes del Obispado Castrense de Colombia, hemos organizado turnos para estar una hora cada dos sacerdotes con el Señor. Son las 4:00 de la tarde y me corresponde el turno con otro compañero. He estado ansioso todo el día ansioso de este momento de encuentro con Él, con Jesús, con mi Dios y Señor, mi maestro y quien da sentido a mi vida y mi ministerio. He estado en su presencia miles de veces y durante casi toda mi vida y sin embargo aún me emociona pofundamente este tiempo de gracia. Tengo muchas cosas para decirle pero mi experiencia me ha enseñado en dejar eso para otro momento y de más bien dedicarme a la escucha.

He notado que mi sitio es más visitado por personas de otras iglesias que de la mía y sé que para ellos cuando hablo de la confesión, la eucaristía u otro sacramento les produce inquietud y casi siempre me escriben compartiendo conmigo su opinión. Me agrada mucho que hagan eso aunque sea para decirme que no están de acuerdo, pero quiere decir que de alguna manera hemos entrado en comunicación y espero que esta no sea la ecepción. Sé que para ellos será dificil entender la experiencia maravillosa, más aún ahora que tengo para decirle que este tiempo se desarrolla en un profundo silencio y que se siente fuerte la presencia de Dios sin decir nada, sin hacer oraciones de alabanza, sin levantar las manos para adorar o sin otras manifestaciones de grandes emociones, eso los católicos lo hacemos en otros momentos. Este es en cambio un momento solemne de gran silencio intenterior donde sientes fuerte la voz de Dios que casi que te grita sin palabras, solo con la sensación profunda y dulce de su presencia. Estoy viviendo un momento íntimo y profundo siento el amor de Dios que fluye por todo mi ser, siento como si no sintiera pero siento de todo, sé que no se entiende y que suena a una gran contradicción pero no encuentro otras palabras para describir esta maravillosa experiencia, sé también que muchos hermanos en la fe de otras confesiones que se han permitido esta experiencia se han encontrado con Cristo. Esto es increíble y maravilloso, te sientes tan pequeño ante tanta grandeza.

En este momento tengo el alma o si lo prefieren mi espríritu conectado con millones de hermanos en el mundo que viven esta misma experiencia espiritual en todo el mundo, así lo quiso Jesús, que su evangelio de se difundiera por toda la tierra y que fueramos uno en la fe y en el amor (Jn 17). Mi alma alaba a Dios en medio del silencio y sin palabras ni gran exultación, más bien en un silencio activo y lleno de la presencia del Espíritu Santo de Dios, tengo todo lo que hay en mi pobre corazón puesto en Él. Se ve tan pequeño y se siente tan grande. El solo entrar en este sencillo templo destinado a Dios hace que se sienta uno en el Cielo, no veo la hora de estar en su presencia para siempre y de disfrutar de esta sensación y esta experiencia eternamente, sin descanso y sin cansancio.

No se puede comparar esta experiencia con ninguna otra en la tierra. Es una pequeña degustación del cielo ya desde esta vida. Vo y mis ojos ven un pequeño pedazo de pan, pero mi corazón de dice que mis ojos me engañan que allí está Él. Pienso en estos momentos en el sermón del pan de vida, donde dice Jesús, Yo soy el pan de vida, el que viene a mí permanece en mí y yo en el Él, yo le resucitaré para la vida eterna. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en Él, mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. Me imagino el rosto de la gente al escuchar estas palabras, el evangelio dice que la gente decía, qué enseñanza tan dura, ¿quién puede entenderla? La gente dejó de seguirlo por decir esto, aún hoy la mayoría de los cristianos no han entendido estas palabras. En la última cena Jesús tomó el pan y dijo esto es mi cuerpo y luego tomó el caliz lleno de vino y dijo esta es mi sangre. Estas palabras del evangelio y lo que me confirma mi espíritu y mi corazón, me confirman que estoy en la presencia de Jesús, no tengo dudas, solo lo disfruto, lo amo profundamente, para mí es toodo en la vida, estoy enamorado profundamente de Cristo, esta mañana en la eucaristía me alimenté de su cuerpo y de su sangre, como Él lo enseñó, tengo en mí el cielo mismo y ahora tengo este momento de gran privacidad en si presencia. Aque dicha tan grande, no creo que pueda existir sobre la tierra una experiencia más fuerte. Soy un gran privilegiado por poder tener esta hermosa experiencia, el tiempo corre inclemente y como quisiera detenerlo. Estoy sientiendo y entendiendo lo que significan las palabras de Jesús cuando dijo que Él da vida, la siento fluir por todo mi ser, es increíble, es hermoso, es indescriptible pero maravilloso.

¿Por qué seguimos pecando?


Hace poco un soldado recién incorporado al Ejército me hizo una pregunta simple pero que me pareció inmensamente profunda. La pregunta es ¿si Jesús murió en una cruz por nuestros pecados, por qué todavía hay pecado en el mundo? en el fondo la pregunta es ¿no se resolvió el problema del pecado con la muerte de Jesús? pero yo le he querido dar un giro porque me parece que puede motivar a muchos, empezando por mí para dejar atrás mi propio pecado.

¿Por qué si Jesús murió en una cruz por mis pecados, yo sigo pecando? Si verdaderamente amara a Dios y si mi amor por Jesús fuera tan grande como pienso no pecaría más en virtud de la sangre de Jesús, derramada en la cruz, su sufrimiento enorme, su pasión y su muerte terrible en ese espantoso lugar de tormento. Es lo que hizo Jesús para que yo no pecara más porque mis pecados me hacen un daño con ellos hago daño a los demás.

Esto cuestiona profundamente mi fe. No cuestiona la fe, sino cuestiona mi fe, es decir, cuestiona cómo es de grande, de fuerte o porque no decirlo de real mi fe.

"En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: "Auméntanos la fe." El Señor contestó: "Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: 'Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.""" (Lucas 17, 5-10).

Este ha sido por siglos el problema de todos los hombres que han amado a Dios y que de alguna manera han sentido que tienen fe, saber que a pesar de ese amor y esa fe, aún cometen pecados y aunque se esfuerzan mucho caen nuevamente. Esta lucha es lo que los va llevando por el camino de la perfección en su esfuerzo por permanecer fieles al Señor. Quienes no aman verdaderamente al Señor están convencidos de que no tienen pecados, porque ya no ponen atención a sus acciones y creen que todas ellas están justificadas. Demorarse años en devolever un objeto prestado para quien lo hace no es robo, es que no ha tenido tiempo de devolverlo, lo hará algún día que nunca llega, decir una mentira siempre tendrá una justificación, era para evitar un problema, para evitar un daño mayor, etc. cuando se trata de uno mismo siempre hay una justificación para no aceptar nuestros pecados y evitar los cargos de conciencia, tal vez sea un mecanismo sicológico de defensa.

La contrición o arrepentimiento es una bendición de Dios, consiste en el dolor que se siente en lo profundo del alma por haber ofendido a Dios haciendo lo que a Él no le gusta independientemente de cuánto hayamos disfrutado nosotros y es que los pecados son siempre dulces al principios, pero enormemente amargos al final. Que triste reconocer que somos egoístas que cedemos a las tentaciones concientes de lo que hacemos por preferir nuestro gusto o placer por encima de lo que valoramos nuestra relación con Dios.

La experiencia de pecar aún cuando ya el sacrificio de amor de Jesús debería ser razón suficiente para dejar de pecar pero para la mayoría parece no ser suficiente, seguimos con las mismas tentaciones y aunque la fe nos fortalece, sigue siendo en cada momento nuestra propia decisión lo que cuenta.

Tendríamos además la opción de confesarnos y pedirle perdón a Jesús por pecar a pesar de su sacrificio en la cruz y por ese mismo sacrificio obtener el perdón de esos pecados por los que murió Él en la cru y que nos permite obtener este perdón, pero se ha perdido en el mundo entero entre los católicos el hábito sano de confesarse con frecuencia, es un sacramento en crisis, muy pocos y en muy pocas ocasiones se confiesan, ¿será que se acabó el pecado en el mundo? ¿será que no se siente como antes el arrepentimiento? ¿será por desconfianza por los sacerdotes? ¿por qué no recibir el perdón de los pecados, obtener la gracia de Dios y reconciliarse con Él? en muchos templos ya ni hay confesionario se confiesa en cualquier parte y de cualquier manera. Muchos llaman confesión a la simple oración de perdón dirigida a Dios. "Me confieso directamente con Dios", dice la gente, han renunciado al sacramento que les podría dar la vida eterna.

Esta tragedia tal vez no tiene fin, pero tú que estás leyendo y yo que estoy escribiendo y que no podemos cambiar ni la realidad ni el mundo entero, ¿por qué no cambiar al menos nosotros? yo lo estoy intentando, anímate tú también.

¿Cómo amar y ser agradable a Dios?


El legendario trío musical "Los Panchos", dice en su famosa canción "Triufamos": "...y si es pecado el amor que el cielo de explicación porque es mandato divino". Es el planteamiento de la pregunta que es el tema en esta ocasión.

¿Siendo el amor un mandato divino, justifica todo tipo de actos, relaciones, etc, que sean frutos del amor? No, San Agustín afirma: "Ama y haz lo que que que que quieras" que no significa que todo lo que hagas está justificado por el amor, sino que todo lo que hagas, hazlo con amor. Existe la falsa concepción de que todo se puede aceptar si el motivo es el amor. A nombre del amor se han cometido cantidad de crímenes y pecados de todo tipo, desde infidelidades hasta homicidios y sabe Dios cuántas cosas más.

El amor verdadero no lleva al pecado, porque "Dios es amor" (1 Jn 4, 8). Cuando se llega al pecado en nombre del amor, entonces no es verdadero amor, aunque tal vez sea algo relacionado con él que lleva a la confusión. Puede ser sentimiento, deseo, amistades mal entendidas, química, impulsos o otra gran variedad de cosas que se asemejan o que son igredientes del puro y verdadero amor.

El verdadero amor en muchos casos se traduce en renuncias incluso de quien se ama o de la propia hipotética felicidad. El verdadero amor no siempre es recíproco, quien ama quiere pero no espera reciprocidad. El ejemplo más perfecto es el de Jesús que en una cruz da su vida por sus amigos (Hb 2, 14-18) sin esperar recompensa alguna. Para profundizar en este tema del verdadero amor se puede leer la encíclica de S.S. Benedicto XVI "Deus caritas est"

Con esto elementos podemos volver a nuestra pregunta inicial, sobre cómo amar y ser agradable a Dios, específimamente en el sentido del amor entre un hombre y una mujer, no el amor fraterno, filial, la pura amistad, el amor al prójimo o estos tipos de amor, la pregunta específicamente se refiere a como vivir cristianamente y en forma agradable a Dios el amor de pareja, el que sinten el uno por el otro sea o no. En situaciones normales no hay necesidad de hacer esta pregunta, ya que como dice la canción, el amor es mandato divino: "amaos los unos a los otros como yo os he amado" (Jn 13, 34), "creced y multiplicaos" (Gn 1,28). Un hombre, una mujer que siendo solteros se enamoran, frente al altar se unen en santo matrimonio, están unidos hasta que la muerte los separe y tienen una hermosa familia, no tiene dudas, será agradable a Dios. Este es el modelo de amor de pareja, pero la pregunta espera respuestas a casos más complejos y difíciles.

En estos casos, las cosas no son tan fáciles, por ejemplo en el del amor entre familiares, amores que podemos llamar prohibidos o que surgen después de haber adquirido un compromiso previo en otra dirección, un matrimonio con otra persona o una vida consagrada, un pariente cercano o alguien que o no se debe enamorar o de quien nadie se debe enamorar. Para quien no cree en Dios, o no le quiere agradar, todo este discurso o toda esta reflexión será innecesaria porque para esta persona no es un problema, solo tomará la decisión que desee según sus principios éticos o su formación sin tener en cuenta la segunda parte de la pregunta, ser agradable a Dios.

Para el creyente, esto significa que deberá tomar una dolorosa decisión que es a la vez un acto de amor por uno más grande de todos los demás, el amor a Dios del verdadero creyente y su opción es solo una, la renuncia. Un concepto cristiano que consiste en no hacer lo que se quiere sin importar cuánto se desee o se ame aquello (personas o cosas materiales o sí mismo) que se ama, perderla(o) voluntariamente por un amor superior. En el Evangelio encontramos varios tipos de renuncias, relacionadas casi siempre con la vocación (al matrimonio, al sacerdocio, al discipulado etc), pero todas ellas por amor a Dios que supera todos los demás.

Los evangelios están llenos de renuncias por amor a Dios, la virginidad de María (Lc, 1-2) y la castidad de su esposo San José, los apóstoles que lo dejan todo para seguir al Señor: "dejándolo todo lo siguieron" (Lc 5, 1-11), Juan Bautista que vive en el desierto predicando hasta dar su vida por Cristo (Lc 3), el joven rico que no pudo renunciar, pero a quien Jesús le exige vender sus riquezas y repartirlas a los pobres (Lc 18:18-27), la renuncia de María Magdalena a su indigna profesión (Lc 8, 2) entre otras.

Jesús exige la renuncia de los discípulos como condición de su seguimiento: "quien quiera seguir en pos de mí, niéguese a sí mismo tome su cru z y sígame" (Mt 16, 24). Las renuncias más grandes las hizo el mismo Jesús, cuando aún queriendo vivir, entrega su vida dándole sentido a toda renuncia: "no se haga mi voluntad sino la tuya" (Lc 22. 39-42). Jesús sin privarse de su condición divina, no hizo alarde de ella, nos enseñó lo que significa el sacrificio por amor, que llamamos renuncia: "Se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos." (Flp 2, 1-11).

A través de la historia de la Iglesia, estas historias de renuncias, se repiten constantemente y sin cesar, en la historia de los esposos fieles, sacerdotes y religiosas fieles que por su opción renuncian a todo lo demás y a todos(as) las demás. De entre ellos hay algunos que precisamente alcanzaron la santidad, como es el caso de San Francisco y Clara de Asis quienes dejaron todos sus bienes, sus nobles títulos y comodidades y tal vez, la posibilidad de pasar de una bella amistad a un amor puro y bendecido por Dios de pareja, abrazando la castidad y creando las congregaciones masculina y femenina de una nueva espiritualidad que ha dado a la Iglesia una gran cantidad de santos y santas, religiosos y religiosas que en el silencio y el anonimato siguen entregando su vida Dios, renunciando a sí mismos, tomando la cruz y siguiendo a Jesús.

Jóvenes y jovencitas, siguen llegando a los seminarios y los conventos con la firme disposición de dejarlo todo por amor a Cristo, no porque no sientan, porque no sean capaces de amar, porque no tengan a nadie clavado en el corazón sino por una opción sobrenatural nacida en una vocación de amor y entrega generosa, que nadie que no haya sentido el llamado de Dios podrá entender plenamente. Así mismo en los altares del mundo siguen llegando parejas, para consagrar su amor exclusivo a Dios, renunciando hasta que la muerte los separe al de otras personas, sin importar que a través del percorrer de la vida se encuentre a alguien mejor, más atractivo o que tenga más que ofrecer. Es una opción libre y definitiva de amor.

Una renuncia significa una opción. Recuerdo como hace años me leyeron una historia, cuyo autor no recuerdo, que habla de lo que significa optar y a la vez renunciar. Se trata de una dulce niña que llega a un almacén con su mamá y en la sección de juguetes se enamora de dos muñecas, una morena y otra rubia. La mamá le insiste en que no puede escoger las dos, el dinero no alcanza sino para una y ella debe renunciar y escoger. Ella las mira detenidamente y luego toma la morena, la besa y abraza como despedida, la pone de nuevo en el estante, toma la muñeca rubia y sale corriendo hacia la caja para que su mamá pague y poder llevarse su opción a casa y disfrutar de ella.

Las renuncias y opciones más importantes de la vida se toman en un momento puntual de la vida, pero luego se debe hacer un gran esfuerzo por mantenerlas y por no echarse para atrás, lo que sería catastrófico, ya que destruye todo lo que se ha construido a fuerza de amor por tanto tiempo. "Quien pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios" (Lc 9, 62). Lo más dificil es permanecer en el amor de Dios: "Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor" (Jn 15, 917) es allí donde las renuncias y la fidelidad a ellas cobra un sentido tan pleno. Quien lo logra, encontrará en el amor de Dios su completa felicidad y su satisfacción será inmensa. Renunciar por una opción es tal vez lo más lindo y satisfactorio que se puede hacer, sobre todo si la renuncia es a un gran amor humano. Es un gran acto de fe y libertad que como los grandes sacrificios de la Biblia, unen el nuestro con el de Cristo en la Cruz.



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¿Quién es el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo es Dios, más exactamente, la tercera persona de la Santísima Trinidad (tres personas distintas y un solo Dios verdadero). El Espíritu de Dios es quien actúa desde el interior del ser humano (Rm 7, 26-27) y es por eso que se recibe en tres sacramentos: bautismo, confirmación y orden sacerdotal.

1. EL ESPÍRITU SANTO, CO-PROTAGONISTA DE LA CREACIÓN:

El Espíritu Santo aparece ya desde el segundo versículo del Génesis (primer libro de la Biblia), aleteando sobre las aguas. Mientras el Génesis nos da una imagen de Dios Padre creador, de manera antropomórfica (en forma de hombre), que camina por el medio del jardín y que pasea con Adán y Eva, el Espíritu Santo se presenta en forma de ave que no se posa en la tierra, sino que vuela por encima de las aguas. Lo más parecido a ésta imagen será la de Jesús que camina sobre las aguas, en medio de una tormenta. Jesús cuando nos habla del Espíritu Santo nos dirá que "«No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu." (Jn 3, 7-15), es una de las características del Espíritu Santo, la libertad.

Estando sobre las aguas, el Padre pronuncia palabras creadoras que el Espíritu ejecuta inmediatamente, su aletear no es otra cosa que estar atento a la escucha de la Palabra de Dios Padre para actuar. El Evangelio de Juan, nos dirá que esa Palabra es Jesús a quien llama la Palabra o en otras traducciones el Verbo, es decir Palabra (Jn 1) que comparta esta característica del Espíritu Santo de no ser estática, que no se posa sino que está en movimiento, Palabra creadora, que nos descubre la intención, la razón de ser de la creación, "El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. (Col 1, 15-20).

2. LAS OBRAS DEL ESPÍRITU, ESPECIALISTA EN IMPOSIBLES:

Lo vemos no solamente en la creación sino recreando y devolviendo la vida, como en Ezequiel 37, donde revive los huesos secos de los restos de alguna guerra, donde los cuerpos quedaron tirados en el suelo, signo de destrucción, de muerte, de la capacidad del hombre de destruirse a sí mismo y a sus semejantes. El Espíritu lleva al desierto y lo hace profetizar sobre éstos restos, es una manera clara de expresar cómo Dios habla por medio de los profetas y cómo su voz es canal de la Palabra misma de Dios puesta en sus labios y el Espíritu cumple las profecías, es necesario que el profeta las pronuncie. Esto es muy importante entenderlo, porque así será luego en el Nuevo Testamento, no sólo con Jesús sino también con los apóstoles y hoy también a través de los sacerdotes y ministros ordenados que con por sus palabras hacen obrar al Espíritu Santo perdonando pecados, bendiciendo, consagrando y transustanciando las especies eucarísticas y demás palabras que se convierten en actos concretos en cada sacramento por la gracia del Espíritu recibido en la ordenación sacerdotal.

El Espíritu Santo, es entonces quien guía a los profetas y ejecuta aquello que Él mismo inspira en cada uno de ellos y que presta su voz y su vida a Dios, inspira a quienes escribieron la Biblia y sigue guiando a su Iglesia, no solo a la jerarquía sino a cada uno de sus miembros.

Las obras más notables del Espíritu las notamos en el Nuevo Testamento:

2.1. LA ENCARNACIÓN DE JESÚS EN EL VIENTRE DE MARÍA:

"Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios." (Lc 1, 31-35).

El Espíritu Santo, es quien hace la obra de la encarnación haciendo algo naturalmente imposible, como es que una mujer virgen pueda sin relaciones sexuales concebir un hijo además de hacer que mujeres estériles como algunas mujeres en el Antiguo Testamento, de entre ellas la esposa de Abraham (Saray) y ahora Isabel, pariente de María, también puedan concebir, estas sí por relaciones naturales con sus esposos.

2.2. LOS MILAGROS:

Es el poder del Espíritu el que permite los grandes milagros tanto en el Antíguo Testamento como en el nuevo, en este último, tanto por Jesús como de los apóstoles. De entre ellos sobresalen, el paso del Mar Rojo, curaciones milagrosas, reanimaciones (muertos que vuelven a la vida), multiplicación de alimentos (aceite, harina, peces y pan), las plagas de Egipto, liberaciones de espíritus inmundos imposesados en personas, la transustanciación (el pan y el vino que se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo), en la última cena y en las celebraciones eucarísticas a las que se hacen mención en el Nuevo Testamento, control sobre la naturaleza como cuando Jesús camina sobre las aguas o cuando calma la tormenta y por último el más grande de todos: la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Además de los milagros consignados en las Sagradas Escrituras, la Iglesia ha aceptado distintos milagros del Espíritu en personas concretas o por su intercesión, que son requisitos indispensables para la canonizacion. También milagros eucarísticos y otros relacionados con la vírgen María, de cuyas apariciones hay santuarios en distintas partes del mundo, en donde se han verificado hechos sobrenaturales.

3. LOS DONES, FRUTOS Y DONES DEL ESPÍRITU:

Los dones y los frutos del Espíritu Santo, que encontramos especialmente en la Primera Carta a los Corintios 11 y 12, "Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere." (I Cor. 12).

Estos dones siguen siendo infundidos por el mundo gracias al poder del Espíritu Santo, en su
Iglesia, con los cuales la guía y la sostiene, de los cuales dependen los ministerios tal como en el caso de los presbíteros, lo afirma el Concilio Vaticano II en la Presbyterorum Ordinis 38-39. Los dones no son para vanagloria de quien los obtiene, sino que son para el ejercicio de los ministerios confiados a los miembros de la Iglesia y para el bien de todos.

Los frutos del Espíritu en cambio, son el resultado de la acción del Espíritu en el hombre (gracia), que consiste, como su nombre lo indica en la cosecha de lo sembrado por Él en cada uno de nosotros. Son los frutos de la semilla que cae en tierra buena. Estos son según el Catecismo de la Iglesia Católica: "

"1832 Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: ‘caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Ga 5,22-23, vg.)."

Las obras del Espíritu en cambio, son la contraposición a las obras de la carne, éstas son: "Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos." (Gal 5 16-24).

4. LA MISIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN EL MUNDO:

El Espíritu Santo fue enviado por Jesús con unos fines específicos: "Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros." (Jn 14 15-17); "Os he dicho estas cosas estando con vosotros. 26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho." (Jn 25-26).

Esta misión de consolar, ser el Espíritu de la Verdad y ser recibido, morar en los discípulos de Cristo, enseñar y recordar lo que Jesús ha dicho se resumen en una sola: santificar a los hombres, para que "todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" ( I Timoteo 2, 3-4). el Espíritu anima a la Iglesia y desde pentecostés, le da las herramientas necesarias para realizar el anuncio del Evangelio de acuerdo con la misión que Cristo les dejó en la Ascención: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Mt 28, 19-20).

Los apóstoles, reciben los dones del Espíritu con los cuales harán la evengelización del mundo, encontrando el Espíritu el respaldo con los milagros a su predicación, el poder comunicarse con personas de otras lenguas y teniendo el coraje para entregar la vida por Cristo.


¿Cómo se puede resumir la historia de la salvación?

Seguramente como se trata de un resumen, muchos al leerlo dirán que falta algo muy importante y seguramente tendrán razón, pueden escribirlo en los comentarios, mi intento es dar una visión muy global y general de la historia de la salvación que sirva para ubicar a mis lectores dentro de la lectura de la Palabra de Dios y de los signos de los tiempos.

1. LA CREACIÓN DEL UNIVERSO:

Todo inicia cuando Dios que estaba solo decide crear lo que hoy existe y conocemos como universo, sabe Dios si existe algo más, cuántos son los universos, etc. Nosotros conocemos la tierra y gracias a los avances tecnológicos sabemos que estamos en un planeta que gira en torno al sol junto con otros planetas, en mi época eran 9 ya parece que son más en nuestro sistema solar, que es uno simplemente de una cantidad increíble e incalculable de ellos.

Al crearlo todo, nos pone a nosotros allí en este hermoso planeta, lleno de seres vivos e inhertes, con todo lo necesario para vivir bien, agua comida, aire puro y todo lo demás. Sin embargo el hombre fue creado con un propósito y se matará la cabeza tratando de descubrirlo, San agustín dice: "Nos creaste para y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en " (Las confesiones), Dios nos creo para Él y la razón de nuestra existencia.

2. EL PECADO ENTRA EN EL MUNDO:

Sin embargo el hombre empezó a vivir para sí mismo en vez de para Dios y empezó a tener problemas sociales, se alejó de Dios y cada quién quiso decidir por sí mismo lo bueno y la malo, apoderarse de lo más posible y poner a los otros hombres a su servicio, unos se sintieron más que otros y con más derechos que otros, reinó la fuerza sobre la justicia y todo lo demás que conocemos. Esto se llamó el pecado que consistió en egoísmo, desobediencia, orgullo, prepotencia y todo lo que bellamente ilustra el libro del Génesis con la historia de Adán y Eva que dejan ver bellamente en qué consiste el pecado del hombre, que desobedeciendo a Dios, cae en las más pérfidas costumbres.

3. LA ELECCIÓN DE UN PUEBLO, CAMINO DE REDENCIÓN:

Luego viene entonces la lucha de Dios por salvar al hombre del pecado para evitar su destrucción y algo que no se conocía en el momento, la condenación eterna. Esta lucha de Dios comienza entrando en contacto con un hombre llamado Abrán, (Gn 12 ss) a quien posteriormente le cambia el nombre por Abrahám y que es el primero en "sintonizar" a Dios en el desierto Iraquí en la pequeña población de Ur de los Caldeos. Con éste hombre se inicia el camino de la salvación, siendo este el padre de dos grandes pueblos, el pueblo árabe y el pueblo de Israel. Al pueblo de Israel, lo elige como su pueblo y hace con él una alianza: "tú serás mi pueblo, Yo seré tu Dios" (Ex 19-20) que los lleva a las más increíbles historias, de amores, fidelidad de Dios pero infidelidad del pueblo. Para ésto Dios envía a su pueblo patriarcas, profetas, sacerdotes, reyes, jueces y militares, todos ellos luchando por mostrarle al pueblo el camino para salir del pecado y entrar en la "sintonía" de Dios. Además, nace una esperanza, la promesa del Salvador del mundo, que lo viene a rescatar del pecado y de la muerte.

4. EL CUMPLIMIENTO DE LA PROMESA:

Dios, en cumplimiento de su alianza hecha con su pueblo y su promesa, desciende de los cielos y el Hijo del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad, "por quien todo fué hecho" (Credo), se hace hombre por obra y gracia del Espíritu Santo, de una vírgen concebida sin pecado original, para no transmitir esta contaminación al Hijo, llamada Myriam, en español, María, quien habiendo consagrado su vida a Dios desde niña y desposada (comprometida para casarse), con José, tienen a este niño y lo crían, sabiendo quién era pero no exactamente lo que debía hacer en la tierra.

5. EL ANUNCIO DEL REINO DE DIOS:

Jesús anuncia el Reino de Dios con palabras y milagros que acompañan su predicación, signos concretos, visibles y tangibles, (convierte vino en agua, multiplica panes y peces, para que alcancen y sobren, detiene tormentas, camina sobre las aguas de un río, sana enfermos incurables, revive muertos y otros cuantos milagros más), que lo llevan a la muerte, posterior resurrección, ascención a los cielos, en la que deja a su Iglesia naciente en sus apóstoles, la misión de ir al mundo entero a predicar el evangelio (anunciar la Buena Noticia) y hacer discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Epíritu Santo. (Final del Evangelio de Mateo). Jesús hace una nueva alianza, sellada con su sangre en la cruz.

6. LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO:

Una etapa decisiva, fué Pentecostés, donde el Espíritu Santo desciende sobre la Iglesia y les hace entender todo, les quita el temor y les da todos los dones y carismas necesarios para poder cumplir la misión y desde entonces viene cumpliendola, con todas las dificultades que ésto implica. Estamos aún en la etapa del Espíritu Santo que guía a su Iglesia y la conduce hacia Cristo, dándole a conocer todo lo necesario para que pueda cumplir su cometido.

7. LA PARUSÍA:

Luego cuando Dios quiera volverá de nuevo Jesús revestido en su gloria a juzgar a vivos y muertos y cada uno se salva o se condena según haya vivido. Ese día los vivos y los muertos resucitarán y terminaremos o en el infierno, el purgatorio o en el cielo.

Todo esto para decirles que les tengo la mejor de las noticias posibles: Jesúcristo te ofrece vida eterna, ¿alguien te da más? si tu respuesta es no, entonces, acepta a Jesús y vive siempre según sus enseñanzas.